Para las personas que normalmente nos encargamos de alegrar a los demás, resulta muy duro darse cuenta que quizá ahora seas tú la que necesita ese impulso. Los que somos así, sabemos disfrutar de cada pequeño detalle y momento de felicidad como pocos lo hacen, pero esto tiene una parte negativa. Los momentos malos hacen que las caídas y los golpes sean mucho mayores.
Recuerdos que ya no deberían permanecer en tu memoria y que siguen afectando más de lo que tendrían que afectar. Decepciones. Empezar a cansarte de ser buena y que eso suponga pasarlo mal cuando no debes. Rutina. Dudar de lo que eres capaz y pensar momentáneamente que no vas a poder con ello. Si metemos todo ello en una batidora y lo removemos, se obtiene lo que tengo en la cabeza. Una negatividad que no me representa.
Por eso, en contraposición al título y como terapia de choque, he decidido poner esta foto. Una foto que es la imagen de lo que soy. Una persona risueña que se encarga de valorar todo lo que la rodea y cuidar de aquellos que le importan. Una persona que suele dar mucho más de lo que debería, incluso por los que no se lo merecen. Una persona que acaba viendo siempre el lado positivo de las cosas. Una persona que no se rinde fácilmente. Una persona que una vez pasada la tempestad, intenta sacar una lección para no ser golpeada tan fuertemente la próxima vez. Una persona que siempre intenta animar a los demás. Una persona que cuida hasta el más mínimo detalle. Una persona, que a pesar de lo que aparenta, nunca ha confiado en si misma llegando al punto de infravalorarse. Una persona que siempre se ha exigido demasiado para demostrarse hasta dónde podía llegar. Una persona que no se reconoce los éxitos propios, y en los que un solo fracaso, es capaz de obstaculizarlos todos. Una persona que desde pequeña ha tenido que luchar contra lo más poderoso y a la misma vez, más dañino: uno mismo.
Soy mi mayor aliada y mi peor rival, porque si hay alguien capaz de interponerse en mi camino, soy yo misma. A pesar de todo esto, normalmente siempre he conseguido salir hacia adelante con la mayor de las sonrisas y lo que puede que sea mi marca de identidad, conseguir hacerme un poquito más fuerte. Así que confío en que esta vez no será una excepción. Ahora mírate y ¡SONRÍE! Vas a superar las piedras del camino y salir fortalecida de ello. Te lo debes.
Nunca se para de crecer, nunca se deja de morir.

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