lunes, 4 de noviembre de 2013

Erasmus sin Erasmus.

Impotencia, frustración, rabia, incomprensión, surrealismo y sobre todo, tristeza. Profunda tristeza.
Podría empezar a escribir adjetivos que describiesen mi estado anímico en este momento y no parar hasta dentro de un buen rato. Pero prefiero centrarme en contar mi experiencia. 
Esta pesadilla empezó hace 24 horas. De casualidad (ya que en ningún momento habíamos recibido notificación alguna ante el cambio en el artículo 2 del BOE del pasado 29 de octubre), al igual que cientos de estudiantes universitarios españoles, me pasaron un enlace a través de diferentes redes sociales. Un enlace que en un principio se difundía como un posible rumor. Un rumor que pasadas las horas fue tomando forma y relevancia. Mi primera reacción fue de estupefacción, de no dar crédito a lo que estaba leyendo. Supongo que por momentos, mi mente, ilusa donde las haya, se aferraba a pensar que no podía ser cierto. Que debía haber algún error. ¿En qué cabeza cabe que se pueda tomar una decisión así sin informar a los afectados? Rápidamente quise ampliar la información y leí el informe completo del BOE. Sí, los universitarios no sólo se emborrachan y pasan de las asignaturas. Fijaos por donde, algunos nos interesamos por nuestro presente y futuro. Basta ya de frivolizar con una fama que corresponde a unos pocos y de meternos a todos en el mismo saco. Lo dicho, leí todo y en base a eso empecé a ser consciente de la que se nos venía encima. Dicho y hecho. Esta mañana me acerqué a la oficina de relaciones internacionales de mi universidad para confirmar la noticia y recibí la afirmación por parte de los allí presentes. Indignados sin entender nada tampoco. El Ministerio no les había avisado de la modificación de la actual normativa vigente hasta hace escasos días y se habían tenido que enterar al igual que nosotros por la prensa escrita/redes sociales. Mi cara ha debido decirlo todo sin necesidad de articular palabra. Inmediatamente he obtenido un "Lo sentimos muchísimo, no podemos hacer nada. Y entendemos perfectamente vuestra postura. Ya sois varios los becados erasmus que os habéis acercado a lo largo de esta mañana a pedir explicaciones y a veros en la obligación de rechazar vuestra beca por no recibir la ayuda económica que se os había prometido, estando a escasos meses de iros a disfrutar de la que era vuestra beca erasmus." Las preguntas por mi parte han salido solas a pesar de seguir abrumada por el surrealismo de la situación. "¿Y ahora qué? ¿Qué ocurre con el papeleo que llevo tramitando desde febrero? ¿Y mis asignaturas? ¿Y los contratos con ambas universidades? ¿Dónde tengo que enviar mi petición de rechazo? Estoy en mi último año de carrera y no puedo quedarme con los brazos cruzados esperando a que me fastidien otro año más." A lo que sólo han podido responder con "Estáis en todo el derecho de rechazar, por causa totalmente justificada ya que no ha sido por un problema vuestro, sino por incompetencia suya." Tras esas palabras, me he dispuesto a salir de la oficina. La pesadilla se había convertido en una realidad. Una realidad que había que digerir y empezar a tratar de asimilar poco a poco. En cuestión de 12 horas, me habían arrebatado el sueño por el que llevaba luchando tantísimo tiempo. Quizá para muchos, la estancia Erasmus se la planteen como simple fiesta y diversión. La oportunidad perfecta para tirarse un año sabático sin que nadie les controle. Pero la gente que me conoce sabe que en mi caso no era así. Obviamente es una experiencia única que vas a disfrutar y vivir al máximo, si, sería absurdo negar lo evidente. Pero mis objetivos principales iban mucho más allá.
Desde pequeñita, siempre me ha fascinado el hecho de "viajar, conocer mundo" y todo lo que ello conlleva. Por esta razón, cuando decidí meterme a la carrera de Economía sabía que la beca Erasmus era la opción perfecta para combinar dos pasiones: mi futuro como economista en un país distinto al mio. Poder conocer a personas de todo el mundo, disfrutar de unos meses que serían inolvidables, ampliar mis conocimientos académicos, volverme totalmente independiente, depende únicamente de mi misma y en definitiva, crecer en lo laboral y personal. Cuando decía que había elegido Italia como destino pero que iba a cursar mis asignaturas de último año en el Máster en inglés, mucha gente no lo entendía. "¿Pero para que te complicas la vida?". Porque así soy yo. Una persona que no se conforma con lo sencillo, que aunque le cueste horas y horas de esfuerzo y muchas veces me vea en el límite, no me rindo nunca hasta verlo cumplido. Y era mi oportunidad para defenderme en el idioma que siempre había querido aprender, viviendo allí; y ganar una buena base en el idioma que me abriría puertas en un futuro no muy lejano debido a la importancia del inglés en el mundo económico. Me armé de valor y sin pensarlo mucho, me lancé a ello. Comencé a estudiar en academias ambos idiomas (obviamente, sigo a día de hoy) con el objetivo de poder complementarlo a partir de febrero, fecha en la que tenía que dar comienzo mi Erasmus. 


Irónico que el 4 de noviembre de 2012 quedase registrada mi solicitud y justo sea hoy, 4 de noviembre de 2013 cuando me arrebatan de la noche a la mañana el sueño que llevo arrastrando años y que comenzó su historia hace 365 días. Desde entonces han sido muchos los planes organizados entorno a ello, muchas visitas previstas por parte de familiares y amigos que querían ser partícipes de mi sueño. Fiesta sorpresa incluída. De quebraderos de cabeza en la búsqueda de piso. De papeleos que aún no habían acabado y que cuando ya estaban más o menos organizados, quedan totalmente descolocados en un segundo. De saber que en julio tenía que haber aprobado todo para poder irme. Y si, conseguí hacer pleno. Esfuerzo que a día de hoy, no veo valorado por ningún lado. 
De ver como lo que habías ido construyendo poco a poco a base de sacrificio, se esfuma en horas. Increíble la fugacidad del tiempo en casos concretos como este.

Querido ministro Wert, no somos trámites. Somos personas. Personas que no entienden el por qué de esta puñalada trapera por la espalda. Cobardes que no se atreven a afrontar sus decisiones y dar la cara. Una cara que se os debía caer de vergüenza. De que después de que nos hayáis hecho pasar por varias fases de admisión tras ir cumpliendo con los requisitos exigidos durante todos estos meses (incluída criba de nota media), decidáis implantar uno a última hora, cuando miles de estudiantes llevan en sus países de destino desde hace dos meses y otros estaríamos a falta de tres para irnos. No hay derecho a que tengamos que pasar por esto. No hay derecho a que rompáis nuestras ilusiones por decisiones político-económicas que no van a cambiar nada la situación actual del país. Que si queréis modificar la normativa Erasmus lo implantéis en el curso académico 2014/2015 y los nuevos solicitantes sepan bajo que condiciones van, pero no a los de este año. A nosotros nadie nos avisó de esto. No se puede jugar más sucio, es imposible.

¿Y ahora qué? Pues ahora me veo obligada a rechazar mi "inexistente beca" dado a la aportación económica prácticamente nula. Y con ella, a renunciar al motivo que me hacía levantarme cada mañana con una sonrisa y tirar en los momentos difíciles. Gracias. Gracias por este mazazo. Gracias por intentar debilitarnos. Gracias por hacer que cada vez creamos menos en este sistema. Pero os voy a decir una cosa. No os saldréis con la vuestra, quizá ahora tenga que comerme mi frustración y ser un poco menos feliz, pero no dejaré de luchar. No hasta que vea que se hace justicia en este país. Basta ya de salir impunes de cualquier decisión tomada a la ligera. 

No olvidéis que detrás de esas decisiones, hay afectados y con ellos, VIDAS QUE CUENTAN HISTORIAS. Personas que no renunciaremos a nuestros sueños, sea ahora o más adelante, aún quedamos personas con ganas de luchar por muchas piedras que nos echéis en el camino. Y lo más importante, tenemos algo de lo que nunca podréis presumir vosotros: coherencia y sentido común.

Atentamente,
una estudiante golpeada pero no derribada.