Siempre he pensado que no hay cosas imposibles sino mentes indispuestas a intentarlo. Si algo he ido aprendiendo con el paso de los años es el hecho de que toda la fuerza que necesitamos está dentro de nuestra cabeza. El uso que cada persona hace de ella es la elección que determina que fracases o que por el contrario, tengas el valor de ir a por ello. Si, nadie está a salvo de perder o fallar pero es que si no pones todo de tu parte ya estás inclinando la balanza en tu contra. No valen excusas ni lamentaciones. Te podrás permitir el lujo de quejarte cuando hayas dado el 200% y no tengas la recompensa que te mereces, mientras tanto hay que seguir luchando hasta el último momento por muy negro que lo veas. No es imposible. Si otros lo han conseguido, ¿tú por qué tienes que ser menos que ellos? Quizás tengas que echar más horas que el resto, quedarte sin dormir hasta que tus ojeras llegan al suelo, desesperarte hasta que crees que no puedes más. Pero se puede, siempre se puede un poco más. Y es precisamente ese punto de inflexión, entre decidir dar el extra que te diferencia del resto o tirar la toalla y coger el camino fácil. Los obstáculos o el "no puedo" sólo se puede vencer con una cosa: el convencimiento de saber que vas a hacer todo lo que esté en tu mano por llegar a la meta sin desistir.
Si algo se seguro, es que las mayores satisfacciones provienen de las cosas que más esfuerzo y sacrificio te han costado. NO ES MOMENTO DE RENDIRSE.
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