viernes, 3 de febrero de 2012

Vamos a correr en cada sprint final.


A new day has come.

¿Qué mejor etapa para retomar las riendas de la libertad de expresión, que aquella en la que empiezas a creer en tus posibilidades?. 
Aparentemente fuerte por fuera, demasiado débil por dentro. A primera vista, y por la sonrisa permanente que suelo llevar casi siempre en mi rostro puedo parecer una persona segura de mi misma, esa que siempre mantiene firme la apariencia de cara al resto del mundo. ¿Quién iba a pensar que la chica que siempre da consejos de optimismo y positividad a las personas que le rodean, luego no era capaz de aplicárselo a ella?. Y sí, digo era en pasado, porque esto ha empezado a cambiar desde hace unos días.


Todo comenzó hace unos meses. Empezaba un nuevo curso académico y con el, varios propósitos, objetivos y retos personales. Lo que algunos pueden ver como: "Bah, que tontería. Hay cosas más importantes sobre las que preocuparse" o "son simples estudios", no creo que lleguen a entenderlo. Aún así no les culpo por ello, pero antes de sacar conclusiones precipitadas prefiero que se tomen la molestia de continuar leyendo hasta el final. 
El año pasado fue un año de cambios, muchos cambios. Algunos buenos y otros no tanto. Como le ocurrirá a todo el mundo, te das cuenta de que personas a las que tienes como pilares fundamentales dejan de serlo y por el contrario, personas de las cuales no esperabas más que una relación cordial te demuestran que son las que están ahí día a día intentando sacar lo mejor de ti en cualquier momento. Entonces es cuando empiezas a ver todo desde otra perspectiva. Es en ese momento cuando comienzas a dar a cada uno el trato que le corresponde (ojo, con esto no me refiero a sacar la violencia que llevas dentro, sino a reflexionar y cambiar tu actitud) así como intentar no ser tan buena con quien no se lo merece. Preocuparte hasta del más mínimo detalle que sabes que es importante para la otra persona y que luego eso no se vea valorado hasta llegar al punto de decir ¡BASTA!. Porque como bien decía Darwin en su teoría de la evolución, al fin y al cabo, sólo los más fuertes son capaces de sobrevivir. Además de eso, tuve que asimilar como me decían que mi problema con los pies iba a tener que sufrirlo para el resto de mis días porque muy a pesar, finalmente era crónico. Eso, sumado a problemas de salud familiares hizo que durante unos meses todo fuera bastante caótico. Y por último estaba el tema de los estudios.
 2º año de carrera. Ilusión por seguir avanzando en lo que hacía unos años me había propuesto como objetivo; pero también golpe duro contra la realidad al ver como fracasaba en el primer cuatrimestre y volver a pasar por lo mismo de junio del primer año. Esa sensación de no ver recompensado meses de esfuerzo y sacrificio al dejarte a una décima del aprobado, teniendo que jugarte el futuro de tu carrera a un sólo examen.
Si, para todos los que me conocen saben que soy una persona que me estreso demasiado y que la ansiedad consigue comerme por dentro, llegando a empeorar mi salud por problemas en el estómago. Esto no viene por la universidad, sino de mucho antes. Es el resultado de no exteriorizar las cosas que te preocupan y guardártelo todo para ti, que al final, ya sea antes o después, acaba saliendo por algún lado.


Siguiendo con lo señalizado antes, en junio de 2011 tuve un reto muy importante. Un simple examen decidía mi futuro. Seguir con la carrera que había elegido años atrás después de pensarlo mucho porque no sabía si sería capaz de poder con ella dada la dificultad que ya tenía por si misma así como el alto nivel que exige esa universidad concreta, o ver como te echaban a falta de una décima. Así que tenía dos opciones, darlo todo por perdido y renunciar a lo que tanto me había costado llegar; o por el contrario, hacer frente a la situación que tenía y dar el 100% a pesar de que estuviera de que la posibilidad de volver a fracasar estuviera ahí. Obviamente, me decanté por la segunda. Siempre he pensado que hay que intentarlo todo hasta el final. Incluso cuando está prácticamente perdido. Porque para levantarse siempre hay tiempo. Y efectivamente, así lo hice. Creo que fue el peor mes de mi vida, en relación a estudios. Sabía que me jugaba demasiado y los nervios podrían volver a jugarme una mala pasada. Pero no fue así. Esta vez supe controlarlos (en la medida de lo posible) y pude demostrar y sobre todo, DEMOSTRARME que si quería, podía. Que por muchos impedimentos que se me pusieran por delante, mis ganas de continuar y mi fuerza mental era superior para ser capaz de vencer cualquier obstáculo que se interpusiera en el camino. Y a final de mes, llegó la recompensa. Y esto es a lo que me refería al principio. El hecho de acabar aprobando y con buena nota, no significó sólo eso. Yo voy mucho más allá. Verme tan al límite supuso que cambiara el chip por completo.


No darte por vencido nunca. Luchar por lo que quieres. Saber que si caes, puedes volver a levantarte. Que no importa si "fracasas", porque lo importante es saber que eres capaz de remontar y alzar el vuelo de nuevo. Y sobre todo y lo más importante, la confianza en uno mismo. Creer que puedes conseguir todo lo que te propongas. CREER EN TI y EN TUS POSIBILIDADES. No importa que el entorno muchas veces no deposite esa confianza que a veces necesitarías, lo importante es que TÚ lo tengas claro y sea esa fuerza la que haga que salgas victorioso de la batalla. Porque al final, el tiempo te da la razón. 


Y así fue como comencé este tercer año de carrera. Con el objetivo de remontar por todo lo alto. Algunas personas me dijeron que estaba loca por matricularme en 7 asignaturas solamente para el primer cuatrimestre cuando otros años no había sido capaz ni de sacarme 4. Pero me daba igual. Tenía claros mis objetivos y la meta que me había fijado y sabía que si me lo proponía, podía lograrlo. A día de hoy, puedo decir bien orgullosa que esa fuerza mental ha sido la que ha hecho que haya podido con 6 y que solamente se me haya resistido una a falta de una décima. ¿Pero sabéis una cosa? No pienso darme por vencida, y se que cuando finalice este curso podré volver a decir con la cabeza bien alta, que fui capaz de superarme una vez más.
Así que para terminar esta primera entrada del blog, diré que no os rindáis nunca. Que por muy mal que estén las cosas, siempre se puede encontrar una alternativa que lo cambie todo por completo. Sólo hay que dar con la fórmula exacta. Y el primer ingrediente es la CONFIANZA EN VOSOTROS MISMOS.
Si queréis, podéis. No se trata de como llegar a la cima, sino de la subida. Sois más fuertes  de lo que pensáis. Y no dejéis que nadie os diga que no podéis conseguir algo. Normalmente aquellas personas que no lo lograron, te dirán que tu tampoco. Si tienes un sueño, ve a por ello y punto.

¡ÁNIMO CAMPEONES!

2 comentarios:

  1. Hija, de leerte solo ya me da confianza en mis estudios, por muy zopenca que sea xD
    Con todos tus esfuerzos tú eres capaz de todo, zeñorita :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No hay zopencos, sólo personas que necesitan más horas y otras que necesitan menos. Pero si le pones empeño y sacas lo mejor de ti, lo conseguirás igualmente Martita! Ánimo y a por el último empujón, que ya no te queda nada! :)

      Eliminar