Un antiguo refrán dice que los que no se acuerdan del pasado están condenados a repetirlo. Pero lo que nos negamos a olvidar el pasado, estamos condenados a revivirlo.
A veces los inocentes sufren, pero para ellos el pasado puede reservar una recompensa. Sin embargo, para los traicioneros solo es cuestión de tiempo que acaben llevándose su merecido.
Las coincidencias no existen y al final, la única persona en la que puedes confiar verdaderamente eres tú mismo.
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